Lo último del siglo XXI como potenciar la luz natural, eficiencia energética, domótica… con la elegancia y personalidad atemporal del siglo XX. Tu casa funcional, pero con alma. Las piezas y los ambientes retro están más de moda que nunca.
Piezas muy originales como antiguos teléfonos, máquinas de coser o de escribir, bicis, juguetes antiguos como balancines… Los elementos básicos de hace décadas que hoy están 100% obsoletos. La vida analógica como nostalgia dentro de nuestro hogares modernos y cómodos, tecnológicos y eficientes.
Las viviendas contemporáneas son cómodas y funcionales, pero nos gusta que tengan narrativa y una estética visual singular. Si no, todas las casas de nuestros amigos y familiares serían clonadas.
Durante años, el interiorismo moderno apostó por líneas rectas, espacios neutros y una estética minimalista casi absoluta. Sin embargo, en 2026 una nueva tendencia pisa con fuerza: el retro reinventado, para recuperar el encanto de los estilos clásicos y vintage, adaptándolos a viviendas contemporáneas, luminosas y prácticas.
No se trata de recrear casas antiguas, sino de integrar pequeños guiños al pasado que aportan carácter, calidez y personalidad a los espacios modernos.
El secreto no es imitar el pasado, ni que parezca la casa de nuestras abuelas, sino seleccionar. Es ese diálogo fascinante entre una vivienda tecnológicamente avanzada, con sus grandes ventanales y espacios abiertos diáfanos, y una pieza de mobiliario que aporta la calidez que a veces le falta a la obra nueva.
El contraste como herramienta de diseño en una vivienda moderna, donde los suelos son continuos y las paredes lisas, los objetos con memoria cobran un protagonismo especial. Frente a la rectitud de la arquitectura actual, el mobiliario introduce formas orgánicas y amables: sofás curvos, incluso con capitoné, mesas redondas de mármol o lámparas de globo que suavizan las estancias.
Materiales que se sienten y no solo se ven, es la tendencia que recupera la honestidad de los materiales nobles. Nos alejamos de los lacados perfectos para buscar texturas con tacto:
- Maderas con cuerpo: Acabados mate, veteados marcados y tonos tabaco irregulares
- Toques metálicos: El acero cromado de los 70 o el latón cepillado en tiradores y lámparas.
- Tejidos envolventes: Terciopelos, lino grueso o lana rizada que invitan a tocar y sentarse.
Una paleta de color con carácter para salir de los neutros, porque el retro reinventado pierde el miedo al color. Sobre la base neutra de la vivienda, introducimos pinceladas de sofisticación con tonos verdes oliva, azules noche, terracotas o mostazas apagados. No hace falta pintar toda la casa; a veces basta con una alfombra potente o una obra de arte para cambiar la atmósfera.
También los papeles pintados nos aportan ese viaje sensorial al pasado en estancias con gadgets tecnológicos, porque el contraste nos nutre y nos hace sentir que evolucionamos pero con gustos depurados.